Artistas x artistas: los cuatro días en que Bogotá se vistió de blanco para levantar a los suyos
Un instrumento no es un objeto. Es una hipoteca pagada de a poco, un oficio, un apellido. Y cuando la tierra se mueve a las 7:34 de la mañana de un lunes cualquiera, un instrumento también es escombro.
Eso es lo que muy pocos titulares alcanzaron a contar después del 10 de agosto. El país entero miró, con razón, hacia los edificios caídos de Pereira y de Cali, hacia los rescatistas, hacia las cifras que subían cada noche. Más de una semana después, el balance oficial hablaba de 280 muertes, 472 municipios afectados, 127.608 viviendas con daños, 26.392 destruidas y 197 edificios colapsados. Nadie contó, en cambio, los amplificadores partidos, los estudios de grabación con el techo abierto, los bafles bajo el polvo, las salas de ensayo que dejaron de existir. Nadie contó a los sonidistas sin trabajo, a los luminotécnicos sin fechas, a la cantante de bar cuyo bar ya no está.
Esa contabilidad silenciosa es la que decidió atender Juntos x Colombia.
Un terremoto profundo, una herida ancha
El sismo que sacudió a Colombia tuvo epicentro cerca de San José del Palmar, en el Chocó, y una magnitud de 7,4. El Servicio Geológico Colombiano lo ubicó a unos 103 kilómetros de profundidad, mientras que el USGS calculó la misma magnitud con un hipocentro a 110 kilómetros. Esa profundidad explica por qué el movimiento se sintió tan lejos y por tanto tiempo: el momento sísmico liberado fue 25 veces mayor que el del Chocó en 1995 y 150 veces superior al del Eje Cafetero en 1999.
Traducido: casi todo el occidente y el centro del país tembló a la vez. Pereira concentró algunas de las consecuencias más graves, con edificaciones colapsadas y rescates que se extendieron durante días. Cali, Manizales, Armenia y Quibdó también reportaron afectaciones importantes.
En esa franja del mapa vive buena parte de la música que el país escucha sin saber de dónde viene: la chirimía chocoana, el bambuco caldense, la salsa caleña, las orquestas de matrimonio, los tríos de restaurante, los grupos de garaje que un día van a llenar un Movistar Arena.
Lo que pasa cuando la industria mira hacia adentro
La respuesta de la música colombiana fue inmediata y, hay que decirlo, enorme. Este domingo 23 de agosto, Vive Claro Distrito Cultural recibe Colombia: Voces por la Vida, con artistas, productores, técnicos y proveedores participando sin cobrar honorarios ni costos directos, y la totalidad de los ingresos destinada a la reconstrucción de viviendas. El cartel reúne a Maluma, Miguel Bosé, Sebastián Yatra, Manuel Turizo, Andrés Cepeda, Pedro Capó, Grupo Niche, ChocQuibTown y Silvestre Dangond, entre muchos otros, con Karol G sumándose vía livestream junto a su fundación Con Cora. Más adelante llegan una edición especial de The Juanpis Live Show y el Festival de la Solidaridad en El Campín.
Es la maquinaria pesada de la industria haciendo lo que mejor sabe: convocar multitudes.
Juntos x Colombia hace lo contrario. Y ahí está su interés.
Del jueves 20 al domingo 23 de agosto, tres salas bogotanas (el Teatro Astor Plaza, Almendra Records en San Felipe y Cumbia House, la casa de Carlos Vives y Claudia Elena Vásquez) abrieron sus puertas para reunir a más de 50 artistas y gestores culturales. El aforo total de los cuatro días no llega a 1.700 personas. Es, apenas, el público de una boletería agotada en cualquier sala mediana.
Pero el destino de la plata es distinto. El 100 % de lo recaudado va a un Fondo de Recuperación Cultural que no financia viviendas en general, sino algo mucho más específico: a los artistas y trabajadores de la cultura que perdieron su casa, su espacio de trabajo, sus instrumentos, sus equipos o su medio de sustento. El principio tiene nombre propio y suena a pacto gremial: «Artistas x Artistas».
Si el fondo alcanza, se extenderá a salas, estudios y escenarios averiados, a proyectos culturales en riesgo y a iniciativas comunitarias de reconstrucción. Es decir: primero las personas, después la infraestructura que las sostiene.
El mapa de los cuatro días
Jueves 20, Teatro Astor Plaza. La apertura, conducida por Alejandro Marín y Carolina Piedrahita, con César López, Los Rolling Ruanas, Lunalé, Maca y Gero, María Fuel, Opa!, Samper y Sofía Castro. Mil personas. Cincuenta mil pesos la entrada.
Viernes 21, Almendra Records. La jornada de los independientes y emergentes: Alejandro Arón, Christina Charry, Dolores Te Canta, Farid Abauat, More, Nikki Garden, Sebastián Mego, The Dream Sound Machine y Urdaneta. Treinta mil pesos.
Sábado 22, Cumbia House. La casa de Vives convertida en escenario, con 19 artistas entre los que están Adriana Lucía, Gusi, Martina La Peligrosa, Mauricio y Palo de Agua, Olga Lucía Vives y Catalina Palacio. A las 4:30 p. m. se realiza el conversatorio El papel de la música y los artistas frente a los desastres naturales, con Adriana Lucía y César López, moderado por Andrés Salazar. Cuatrocientas cincuenta personas. Cien mil pesos.
Domingo 23, Almendra Records. El cierre con aire de bazar de barrio: puestos de comida, emprendimientos y bandas locales como Ay Amor, Chell, Iván y Sus Bam Band, Lalo Cortés, Selva Volcán y Una Noche en Bogotá.
Todo se recauda por un solo canal, traslaperla.org/juntosxcolombia, con donación libre para quien quiera aportar sin asistir. Cada aporte genera un código QR que sirve de entrada. Tras La Perla acompañará la identificación de beneficiarios y el seguimiento de los recursos, y anunció que después entregará un informe con las cifras recaudadas, las personas beneficiadas y el destino de los aportes.
Lo que se juega después de la última canción
La verdadera prueba de un concierto benéfico nunca ocurre en el concierto. Ocurre semanas después, cuando las cámaras se fueron y alguien tiene que decidir a quién le llega el cheque. Ahí es donde históricamente se han caído las buenas intenciones de la música en América Latina: recaudaciones sin trazabilidad, fondos que se diluyen, beneficiarios que nunca aparecen en ningún informe.
Por eso el compromiso de publicar cifras, nombres y distribución no es un detalle administrativo. Es, en la práctica, la parte más difícil del cartel.
Y hay algo más que se juega en estos cuatro días, algo que trasciende el monto final. La escena independiente colombiana lleva años pidiendo que se la reconozca como industria y no como hobby: que los músicos coticen, que los técnicos tengan contrato, que las salas pequeñas cuenten como infraestructura cultural. Un terremoto acaba de demostrar, de la peor manera posible, que sí lo son, y que cuando se caen, se cae un sector entero.
Que la respuesta haya venido de adentro, de tres salas modestas y de una casa vestida de blanco y tricolor, dice bastante sobre quién estaba realmente pendiente.
Conciertos Latam seguirá el reporte final del Fondo de Recuperación Cultural. Las donaciones permanecen abiertas en traslaperla.org/juntosxcolombia.